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Publicado: 28/11/2010
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Fuente: La Nación Turismo

Carpinchos, yacarés, chajás, ciervos de los pantanos... La rica fauna de los esteros correntinos es apreciable tanto en excursiones diurnas como en rondas nocturnas; un destino excepcional, no sólo por la variedad de animales

Aquí todo tiene otro ritmo. Es inútil apurarse, porque por empezar los 120 kilómetros que recorremos desde Mercedes hasta Colonia Pellegrini, el pueblo de 600 habitantes que funciona como puerta de acceso a los esteros del Iberá, son de tierra y obligan a andar bien despacio.

Pero no es sólo eso: llegar con prisa a estas tierras de cielo infinito equivale a ponerse una etiqueta de porteño que los correntinos perciben desde lejos, benévolos, como esperando que pronto -por obra y gracia de la naturaleza- al recién llegado se le contagie el tranquilo modo de vivir provinciano.

En Irupé Lodge, un complejo hotelero levantado a orillas de la laguna Iberá, aseguran que conocen el caso: los huéspedes que llegan a todo vapor, a veces después de haber recorrido al volante los 800 kilómetros que separan el pueblo de Buenos Aires, no tardan en bajar las revoluciones y pocas horas después cuesta convencerlos hasta de levantarse del deck con vista a la laguna, donde la naturaleza pone todo el espectáculo.

Teros, gallitos de agua, cormoranes, cardenales, algún chajá, se pasean sin perturbaciones frente a los ventanales del lodge; pocos metros más allá, sobre el embarcadero de donde parten lanchas que llevan a turistas en safaris acuáticos por la laguna, un grupo de carpinchos aguarda al sol cómodamente frente a un yacaré con cara de pocos amigos.

En lancha

Regi Lacona es suiza, oriunda de Zurich, pero un día dejó los ordenados Alpes en pos de esta naturaleza, que ella llama "la verdadera, esa que en la Argentina a veces se complica visitar de tan salvaje que es". Aquí construyó con Mauricio, su marido, misionero, ese sueño que llamaron Irupé, al borde de una de las reservas de fauna y flora más extraordinarias del planeta.

Nuestro primer acercamiento es en la lancha que Marcos, el guía de Irupé, maneja con habilidad entre los embalsados, esas islas de vegetación flotantes tan sólidas que pueden aguantar el peso de los animales. Por más que esforzamos la vista, no hay en nuestro horizonte ninguna otra persona: sólo camalotes, matorrales y animales por doquier. Si al principio nos cuesta distinguirlos por su inmovilidad, pronto empezamos a descubrir gran cantidad de yacarés apostados en las orillas, tomando ese sol del que toman su energía para luego cazar sus presas con mordiscos certeros.

"Todo lo que ven aquí es vegetación flotante; la parte que parece cortada con machete es porque los carpinchos se acuestan sobre ella en invierno, para tomar temperatura. El espesor de los embalsados puede ir de 30 a 120 centímetros, y en función de eso pueden soportar cierto kilaje. Esta isla está hoy aquí, pero puede no estar mañana", cuenta Marcos, mientras usa su caña para alejar la lancha incrustada en la vegetación.

Mientras tanto, los carpinchos nos miran. Nos parece oír el ladrido de un perro, pero no: son ellos los que emiten ese sonido mientras se acercan a la orilla. De pronto, aparece entre el verde una movediza mancha rojiza acompañada de un par de ojos curiosos y brillantes, es un ciervo de los pantanos, con las orejas bien erguidas, que descubrió la presencia humana. Pero no se mueve, sino que nos permite un acercamiento increíble y no se va hasta que lo fotografiamos desde todos los planos posibles. Asombrados, entendemos las palabras de Regi cuando cuenta que los turistas extranjeros siempre llegan muy informados -sólo los muy viajeros llegan hasta Iberá-, pero no pueden creer hasta qué punto la fauna es cercana y accesible.

Aguas brillantes

Iberá -los nativos pronuncian algo parecido a una u francesa para comenzar la palabra- significa aguas brillantes. Y no sólo de día: también de noche el paisaje reluce bajo la luz tenue de la luna cuarto creciente. Alrededor de las siete, después de un fallido intento por capturar alguna tararira con las cañas y la carnada que nos prestó Marcos (menudo susto nos hubiéramos dado de capturar alguna de las pirañas que también nadan con soltura por las aguas de la laguna), salimos para realizar un safari nocturno. Javier Birman, el chef de Iberá y factótum del complejo en los días de menor ocupación, nos lo había anticipado: los atardeceres de Corrientes están entre los más bellos del mundo.

El cielo color de fuego que contrasta con la vegetación en sombras no lo desmiente. La lancha avanza, y miles de bichitos siguen la luz de la linterna de Marcos, que nos guía en la oscuridad: aquí y allá, su foco ilumina nuevamente a los yacarés, que impresionan con la titilante luz de sus ojos rojos en la negrura del paisaje.

Oímos el aleteo de algunas aves que se apartan a nuestro paso, e increíblemente volvemos a divisar a la luz de la linterna un ciervo de los pantanos sobre la orilla del embalsado.

Mientras tanto, el cielo se cubrió de millones de estrellas que dibujan la estela de la Vía Láctea. El espectáculo parece tener su réplica terrestre en las nubes de luciérnagas que nos acompañan hasta que volvemos al muelle para desembarcar, aún bajo el mágico influjo de la noche de los esteros.

Cómo llegar

Colonia Pellegrini está a 120 kilómetros de Mercedes, la localidad correntina a la que llegan las principales compañías de ómnibus desde Buenos Aires. En servicio cama, el trayecto de aproximadamente 800 kilómetros entre Buenos Aires y Mercedes demora unas diez horas y cuesta $ 180 por tramo. Luego hay que recorrer el tramo de tierra hasta Colonia Pellegrini: después de la lluvia sólo se puede pasar en vehículos 4x4, de modo que conviene contratar un transfer en Mercedes (algunos hoteles de Colonia Pellegrini ofrecen el servicio de traslado). También hay un servicio de ómnibus que realiza el trayecto una vez al día, pero muy lentamente y sin mayores comodidades.

Otra opción es viajar en avión hasta Posadas, y desde allí recorrer 200 kilómetros -por un camino que tampoco está en buen estado- hasta Colonia Pellegrini. En este caso, no hay servicio de ómnibus, pero se puede contratar transfer en 4x4. El pasaje aéreo Buenos Aires-Posadas ronda los $ 600 por tramo.

Fuente: La Nación Turismo


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