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Publicado: 21/02/2017
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El camino desde Posadas a San Ignacio, va pasando por las plantaciones de yerba y té, viendo las diferentes tonalidades de verdes por el camino hacia Iguazú por la Ruta Nacional 12, pasando por Wanda, Eldorado y Jardín América, entre otras.

Nos recibe la blanca fachada neocolonial de las ruinas de San Ignacio Miní, donde visitantes llegan para disfrutar de este espectáculo nocturno.

La fachada del templo y sus paredes, nos dan testimonio de lo que fue la misión de San Ignacio Miní en sus tiempos de esplendor.

San Ignacio incorporó nuevas tecnologías para relatar la historia de la reducción a través de los ojos de un niño aborigen, que vive la llegada de los jesuitas, el desarrollo de su trabajo y su expulsión final de América, a lo largo de ocho cuadros relatados en cuatro idiomas.

San Ignacio Miní (la menor), por oposición a San Ignacio Guazú (la mayor, la más antigua misión jesuítica de Paraguay), fue fundada a principios del siglo XVII para evangelizar a los guaraníes.

Inicialmente se encontraba en el actual estado brasileño de Paraná, pero la presión de los bandeirantes obligó a que la trasladaran hacia el Sur a la ubicación actual.

Un siglo después, más de 3000 personas vivían entre sus muros rojizos, teñidos del color de la tierra misionera, en contraste con los verdes de la selva y el bosque.

Las plantas y los animales autóctonos, junto con otros trasplantados a este rincón de América, hablan de la extraña fusión de estas dos culturas, una que fue dominada y otra que terminó expulsada.

El paseo obliga a caminar entre las ruinas, acompañados por la música barroca que invita a un salto en el tiempo, que permite imaginar cómo fué la vida en las casitas de los indígenas, rodeadas por las viviendas de los jesuitas, el cementerio y la iglesia.

Las ruinas se pueden recorrer con un guía, o por su cuenta, partiendo de la información del centro de interpretación de la entrada.

Ya saliendo de las ruinas, a pocos kilómetros se llega a la casa donde vivió Horacio Quiroga, amante de la selva, que hizo protagonista de su literatura y escenario definitivo de su vida, a este exuberante paisaje misionero.

La casa está sobre una barranca del Paraná, se llega por un camino abierto en la selva y bordeado de bambúes, donde hay varias estaciones que permiten conocer vida y obra del escritor.

La casa es de material que aún conserva muebles originales, herramientas, libros y otros recuerdos del escritor. Esta construcción es la segunda que levantó Quiroga en medio de la selva: enfrente, hay una réplica del primer bungalow de madera donde vivió, reconstruido para una película.

Datos útiles

  • Las ruinas jesuíticas están abiertas todos los días
  • La casa de Horacio Quiroga se puede visitar de 7 a 19 horas.
     

Ver más información acerca de Misiones y de Posadas.

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